El juicio del “procés”: estrategia o verdad

El juicio del “procés”: estrategia o verdad

Perdidos en lo acontecido en aquel día 10 de octubre, en que se firmó la conocida DUI (establecimiento de la República catalana como “Estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social”) y su posterior ratificación por el parlamento regional de Cataluña el día 27, en el interludio del mayor juicio -por mediático- que se sigue en el Tribunal Supremo por estos hechos, produce una mezcla de displicencia y rabia incontenida el paso de los principales testigos (a falta del “huido”). En ello, mis próximas reflexiones.

¿Qué pasa, que hemos de pensar que este “mojón” en el camino fue un hecho aislado, intrascendente e inocente como nos quieren hacer valer la ex -presidenta Sra. Forcadell, y en línea orgánica sus correligionarios? Acaso, ¿que hayamos de aceptar los españoles de bien que este devenir de los acontecimientos fue un infortunio sin importancia del “honorable”, huido subrepticiamente a las primeras de cambio, y no el resultado de un verdadero “procés” forjado minuciosamente a lo largo de muchos años en escuelas primarias, universidades, televisión catalana, ….?.

Porque ¡Sra. Forcadell!, y demás cofrades de esta suicida aventura, más allá de sus estrategias procesales, como representantes que fueron de una noble y querida tierra española, tenemos el derecho a exigir en su expresión una mayor seriedad y responsabilidad institucional, y no la patética de un irresponsable representante público sorteando su destino procesal en declaraciones tan pueriles como candorosas del estilo de que la DUI “era una declaración política sin ninguna trascendencia política”. Declaraciones como esta, por demás de constituir un insulto a la inteligencia supone un desprestigio para sus emisores, a más de una ignominia hacia la multitud de personas que dicen representar.

En ello que sea menester incorporar en su capacidad cognitiva nuestro derecho a conocer con exactitud meridiana cuáles fueron las causas -en este contexto- que motivaron esta división de nuestros hermanos catalanes, primordialmente, para poner los medios a futuro y no volver a cometer esos errores.

En su caso, y el de aquellos que la acompañaron en esos tristes y lamentables días, pasa por reconvertir esa cándida inocencia -como primer eslabón- en un “sincero” arrepentimiento, el de haber llevado a una parte de los catalanes a la más aguda desafección social a los valores de “España”; así, de inducción e involución de una parte de la fraterna sociedad catalana. Porque son Udes., sus señorías, los culpables de haber conducido a España, y en ello a Cataluña, al podio de los mayores grados de descrédito social y político vividos desde nuestra Transición, amén de haber provocado el más desaforado coste económico que ha supuesto para los españoles y, principalmente, para los catalanes este “procés” (cambio de domicilio de más de 3.000 empresas, retirada y salida de fondos, imagen exterior, …), pasando de ser la locomotora española a furgón de cola.

Porque el problema no se ciñe en saber si hubo papeletas o urnas, a la postre, votación formal, aún de inválida constitucionalmente, sino que lo urgente y prioritario es que los españoles conozcamos el por qué y cómo se pudo llegar a este punto de degradación, máxime, en esta sinrazón, cuando sus inductores conocen de los efectos de esta deriva, a la postre, también, de desagravio con nuestros socios europeos (Europa les ha dado la espalda).

En esto, que deban saber sus “señorías” que provocar esta desafección hacia España también afecta a nuestros socios europeos. Y esta forma de operar no sale gratis, tiene un alto coste. Es tanto como imaginar sobre los efectos que una hipotética, por inviable salida de la Comunidad Europea significaría para los catalanes, entre otras muchas: desvinculación del Banco Central Europeo y así del Banco de España, tener al euro como una moneda extranjera, asumir la retirada de los fondos estructurales (fuera del Banco Europeo de Inversiones-BEI-). Esta institución financiera, junto con los valores de la Transición ha permitido disponer del mayor grado de bienestar social y económico para los españoles y, en ello, especialmente de los catalanes. Solo para el sexenio 2014-2020 este organismo tiene presupuestados la nada despreciable cifra de 1.400 millones con destino a Cataluña, por no decir del impacto que tendría esta salida en los mercados financieros (prima de riesgo catalana).

Así, alguien tendrá que informar y responsabilizarse de decir la verdad a los catalanes, de los efectos de esta huida sin destino. Porque, en estos términos, la verdad económica significa que nunca se alcanzarán los sistemas de financiación que otrora les fueran otorgados por Europa, a mayores, teniendo en cuenta que sus niveles de endeudamiento (ronda los 78.500 millones de euros) y déficit público (Cataluña dobla su déficit respecto del resto de comunidades, aumentando esta brecha) están muy alejados de los estándares impuestos por la comunidad europea (60% y 3%, respectivamente), como que, a pesar de la solidez del sector textil -mantiene sus cuotas a pesar del “procés”-, de salir de la zona euro, conllevará un desmesurado sobrecoste en sus aranceles (desaprovechamiento de las ventajas de pertenecer a la UE), haciendo menos competitivas sus exportaciones.

Bajo este panorama, con el país pendiente y paralizado por el juicio más mediático desde la Transición española, ¿creen sus “señorías” que caben más soflamas populistas, más desvaríos separatistas? Estamos obligados a urgir de los impulsores de este desafuero para que, en ese viaje a la tierra prometida (del “Moisés” Puigdemont), y más de las arengas supremacistas, digan cómo superarán las barreras que se les echan encima: pérdida del PIB, efectos de la pérdida de los beneficios que conlleva estar en Europa (falta de acceso a las líneas de financiación o al FROB, carestía de las exportaciones, incremento de la deuda pública y déficit, …), en general, del aislamiento económico y empobrecimiento que una salida del euro supondría para la sociedad catalana.

En suma, declaraciones como las escuchadas a la Sra. Forcadell en el juicio del “procés”, por desgraciadamente extensivas a las despachadas por el resto de los políticos que metieron a la sociedad catalana en esta encrucijada (como máximos exponentes del Govern y de los líderes de las movilizaciones de aquellos tristes por lamentables días) producen un vértigo difícilmente superable en el español corriente, de aquel que siente y ama España como un espacio abierto, generoso y diverso, de convivencia entre las comunidades que la componen y que juntas la hacen grande.

 

Jesús Verdes Lezana

Es Economista, abogado y politólogo. Cofundador de FORO ESPAÑA.

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