MALA PINTA PERO PUEDE QUE NO TANTA. Unas notas sobre la economía española

MALA PINTA PERO PUEDE QUE NO TANTA. Unas notas sobre la economía española

El crecimiento de la economía española se viene desacelerando desde que el PIB alcanzase una tasa del 2,9% en 2017. En 2018 el PIB creció al 2,4% y se prevé que registre una tasa del 2% en 2019. Las previsiones para los próximos años, tanto de instituciones nacionales como internacionales, indican que el dinamismo de la economía continuará moderándose dando lugar a una fase de menor crecimiento. Así, el PIB se situará en el 2% en 2019, en el 1,7% y 1,6% respectivamente en los años 2020 y 2021, según las últimas previsiones del Banco de España.

El aumento de la incertidumbre proveniente de la escalada del conflicto comercial entre Estados Unidos y China, por una parte, y del Brexit, por otra, han contribuido a una moderación de la demanda interna de la economía mayor de lo esperado. En este sentido, se ha reducido el consumo de bienes y servicios por parte de las familias, al mismo tiempo que decrecía en mayor medida la inversión de las empresas, que redujo su tasa de crecimiento del 5,3% en 2018 a un previsible 2,3% en 2019. La mayor incertidumbre también ha afectado al comportamiento de la demanda externa. Se estima que se registrará una moderada reducción de las exportaciones de bienes y servicios en este año 2019 respecto al 2018 a pesar de la competitividad sostenida por las empresas españolas en los mercados exteriores, tanto en los países de la Unión Europea como en otros mercados, y también del sector turístico. Por su parte, se estima un suave crecimiento de las importaciones que ha contado con el viento a favor del precio del petróleo, por lo que la economía española finalizará el año 2019 con un superávit en la balanza por cuenta corriente, lo que representa una buena noticia al significar que el país no necesitará financiación neta del exterior.

La moderación del crecimiento que está caracterizando esta fase del ciclo se reflejará en un menor ritmo de creación de empleo, lamentablemente distinto del observado en los últimos años. De esta forma, el desempleo se reducirá desde el 14,4% de 2018 a apenas el 14,1% en 2019. De igual manera, la inflación registrará una significativa reducción desde una tasa del 1,7% en 2018 a una de 0,8% prevista para finales de 2019. También el menor crecimiento se traducirá en una discreta reducción del déficit público que pasará del 2,5% en 2018 al 2,3% en 2019, lo que situará la ratio deuda pública/PIB entorno al 98%.

¿Qué cabe esperar para los próximos años? Las proyecciones señalan que el PIB continuará reduciéndose en esta fase y se situará en el 1,7% y el 1,6% en los años 2020 y 2021 respectivamente. El consumo privado de bienes y servicios será el principal soporte del crecimiento que registrará tasas del 1,3% y 1,4% en los años señalados. Si se superan en gran medida las incertidumbres internacionales, cabe imaginar una mejora del consumo animado por la creación de empleo y las favorables condiciones de financiación que existen y que seguirán vigentes en los próximos años a tenor de la política monetaria impulsaba por el Banco Central Europeo. En este sentido, se estima que la tasa de desempleo puede seguir reduciéndose en los próximos años, aunque a menor ritmo que en años anteriores, y situarse en el 13,2% y 12,8% en 2020 y 2021 respectivamente, con previsiones de situarse por debajo del 10% en 2023.

La inversión se estima que seguirá una senda de ligera recuperación respecto a la tasa de 2019 tanto en su componente de equipo e intangibles como en construcción. Si como se señala, tanto por organismos nacionales como internacionales, se consideran transitorios el mal comportamiento de los mercados exteriores y en particular los de los países de la Unión Europea, y vuelven a una cierta normalidad despejadas las principales incertidumbres, el sector exterior recuperaría parte de su dinamismo con las exportaciones de bienes y servicios creciendo a tasas ligeramente por encima del 3% muy similares a las de las importaciones. Esto propiciaría que se consiguiese mantener el superávit en la balanza por cuenta corriente, aunque se situaría en niveles más reducidos que los registrados en años anteriores, en torno al 0,5% del PIB en promedio hasta el año 2022.

El escenario internacional de estabilidad de precios de las principales materias primas y en particular del petróleo contribuye a que las previsiones de inflación apunten a un pequeño repunte para los próximos años, pero situándose siempre por debajo del 2%. En este contexto y a pesar de que no se aprobó un nuevo presupuesto para el 2020, que fue lo que condujo a la convocatoria de elecciones el pasado mes de abril, se estima que el nuevo gobierno mantendrá el compromiso de déficit para que se sitúe en promedio anual en el 1,5% del PIB hasta el 2022, de forma que la ratio deuda/PIB se deslice hasta el 96% en 2022.

En todo caso, hay que tener presente que vivimos en tiempos de incertidumbre tanto en el ámbito internacional como en el ámbito interno. Es posible que se vayan despejando las incertidumbres internacionales provenientes del conflicto comercial de Estados Unidos con China y más con la amenaza de desaceleración de la economía americana en un año electoral como será el 2020. También es posible que se aclaren los términos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y que no haya sorpresas posteriores de medidas proteccionistas. Pero las incertidumbres que persisten se encuentran en el ámbito interno. Mientras no se forme un gobierno persistirá la incertidumbre sobre la orientación de la política económica, y en particular las que se refieren a las reformas estructurales que contribuyan a crear condiciones para mejorar la productividad, la orientación de la política fiscal, y también las políticas de mayor calado referidas a garantizar el crecimiento de la economía española a largo plazo.

Volviendo al título, incertidumbres sí, externas e internas, desaceleración también pero no una crisis como la que inevitablemente, por reciente, nos viene a la memoria. Los factores externos pueden no terminar tan mal como podrían y en ocasiones parece, y donde tenemos la gran asignatura es dentro, en las certidumbres que debieran nacer de las próximas elecciones. Ojalá sea así.

 

Federico Mañero

Experto internacional

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