No banalizar la bandera

No banalizar la bandera

En mis estudios de ciencias nos enseñaron la famosa Ley del Péndulo con sus cálculos correspondientes y el fenómeno físico de acción- reacción, y ahora parece que en España tenemos una cierta tendencia a su aplicación en manifestaciones y homenajes.

Es muy cierto que la bandera española, nuestra bandera, debería ser la bandera de todos, la común, la natural y su presencia debería ser constante no solo en edificios públicos y privados a voluntad, sino en cualquier acto de la sociedad, ya sea político, cultural o social. No obstante últimamente parece que quiere ser apropiada por ciertos sectores e ideologías que generan confusión más que una definición identitaria y sentimiento de pertenencia.

Durante muchos años en España y sus comunidades, especialmente en Cataluña, la bandera española desapareció del paisaje urbano y oficial, razón por la que la ciudadanía y especialmente la juventud se acostumbró a su ausencia del escenario. Lo que no se ve y no se conoce, no se echa en falta.

Y ahora resulta que cuando partidos políticos, asociaciones cívicas y los ciudadanos en general, quieren reivindicar su país sacando las banderas encerradas hasta ahora en armarios con naftalina, la reacción es que aparece un signo de identidad que los enemigos del país califican de retrógrado, cuando no de derechas, falangista y no sé cuántas cosas más. Esa falsa identidad e identificación tiene un efecto catastrófico porque renuncia a que nuestros símbolos tienen que ser comunes a España, sean cuales sean las ideologías, procedencias o credos.

La bandera española no debe sacarse a la calle, debe estar en la calle como símbolo común de la unidad de todos, debe ser parte de nuestro entorno global y debe ser ondeada y agitada como ejemplo festivo de reafirmación ciudadana. Y de igual forma no debemos permitir que se la adjudiquen en exclusiva formaciones, muy respetables si se quiere, pero que no representan al conjunto de la sociedad.

Yo quizás en un alarde de audacia me atrevería a sugerir la aprobación de un Manual de aplicación y una guía de estilo que establezca la obligatoriedad de presidencia de la bandera nacional en cualquier acto político, cultural o social que tuviera lugar en territorio español, así como en espacios públicos y edificios de todo ámbito oficial o representativo. Con ello podríamos evitar la banalización de la bandera ni su secuestro ideológico o partidista.

 

Mariano Gomà
Vicepresidente

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