Nuestro futuro

Nuestro futuro

Existen muchas razones, y de peso, para que nuestra participación en las elecciones europeas del 26 de mayo sean un deber cívico democrático de trascendencia para nuestro futuro: el de los españoles. Por ejemplo, se puede citar la tan cacareada como injusta carencia de democracia en las Instituciones Europeas. Todas las Instituciones, incluso el Tribunal de Justicia, provienen de procesos democráticos, pero el Parlamento Europeo es dónde la vinculación es más inmediata y directa. Por lo tanto, la única carencia democrática se produce… ¡si hay enorme abstención y no se va a votar!

Otro ejemplo consiste en recordar que el 70%, aproximadamente, de las leyes aprobadas por los Parlamentos nacionales son transposición obligada de Directivas o Reglamentos aprobados por el Parlamento Europeo conjuntamente con el Consejo Europeo, como co-legisladores. Es decir, las Instituciones Europeas, y concretamente el Parlamento, condicionan nuestra vida diaria, casi siempre muy positivamente, de manera permanente. Lo sé de primera mano puesto que acabo de ser ponente en la Ley que condicionará el límite a los abusos de la precariedad laboral en toda Europa o co-ponente en las Leyes que fijarán los topes máximos de exposición a una veintena de productos tóxicos en el trabajo. En cualquier orden de la vida cotidiana, los ciudadanos están protegidos y arropados por legislación europea, emanada del Parlamento Europeo y del Consejo.

Pero esta vez quisiera destacar la importancia política para nuestro futuro de la presencia de España en las Instituciones europeas. Todos deseamos para nuestra vida y la de nuestros descendientes la mayor libertad y prosperidad posibles, así como vivir en paz. Para ello tenemos que ser dueños reales de nuestro destino hasta donde sea posible en un mundo complejo e inevitablemente globalizado. O más bien continentalizado. Es lo que algunos llaman soberanía. En un mundo en que la relación de poder se vuelve cada vez más continental, entre grandes continentes como China, los E.E.U.U., Rusia… las grandes decisiones que afectan a nuestra paz, prosperidad y calidad de vida se toman en la dialéctica entre grandes unidades políticas, y cada vez menos en el seno de nuestros Estados Nación. La defensa, la ecología, la economía, la seguridad, la libertad democrática dependen cada vez más de decisiones, de acuerdos o desacuerdos que se producen fuera de España y de la U.E. ¿Cómo va a cambiar nuestras vidas y nuestra paz la retirada de los E.E.U.U. y posteriormente de Irán, del acuerdo nuclear? Muchísimo, y nuestro deber es ser consciente de ello. ¿Puede España hacer algo para contrarrestar los efectos negativos para sus habitantes? Sola, prácticamente nada. Ni Alemania, ni Gran Bretaña. Esa es la verdadera pérdida de soberanía. La que perjudica a los ciudadanos. Solamente cuando Europa funciona, o funcione, como un continente unido en temas trascendentales, puede participar, animar, contrarrestar e imponer, decisiones políticas claves para la vida de los ciudadanos europeos. Por lo tanto, para los españoles. ¿Y la soberanía? ¿Pasa a “Bruselas”? Miren, cuando exista un ejército europeo, nada impedirá que su comandante en jefe sea español (ni chipriota, cierto). Cuando haya un ministro europeo de Economía, o un director de una CIA o un FBI europeos, nada impedirá que, de vez en cuando, sean españoles. Y así mil ejemplos. Los que nunca serán españoles serán los grandes decisores chinos o americanos. Pero lo más importante es que para sus nombramientos como para fijar la política que deberán perseguir y los objetivos que deberán alcanzar, la participación de los españoles a través de sus representantes elegidos y nombrados será plena. España co-decidirá las grandes políticas en interés común de todos los europeos. Ahí residirá su soberanía. ¿Compartida? Mejor que mejor para arropar a los europeos.

Y ese tipo de Europa, ese tipo de mantenimiento de soberanía eficaz y clave para nuestro futuro se juega en parte en las elecciones democráticas al Parlamento Europeo. ¿Necesitan alguna razón más los demócratas españoles para participar?

Enrique Calvet Chambon

 

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