Una reflexión sobre la inmigración de Nicole Ndongala

Una reflexión sobre la inmigración de Nicole Ndongala

La política actual está diseñada de tal manera que parte de la sociedad se ha hecho la idea de que los inmigrantes son seres inferiores. Una pena, porque todos sabemos que la inmigración ha existido desde hace siglos, desde los orígenes de la humanidad y seguirá existiendo, pese al rechazo, cierre de fronteras, obstáculos, vallas, maniobras inhumanas y todas las dificultades que se les presenten.

Mientras que no se saneen las instituciones, la historia se va a repetir porque estamos viviendo en un sistema con unas leyes donde se está racionalizando, cosificando, clasificando, mercantilizando y traficando con los inmigrantes y refugiados sin piedad, olvidando que son seres humanos.

Creo que hace falta que el fenómeno de la migración actual sea una prioridad política dirigida a favorecer y fomentar la convivencia pacífica entre los ciudadanos, independientemente de su cultura, raza, religión, creencias…. Y, para que esto funcione, no se puede pretender adoctrinar a los inmigrantes sin aceptar, aprender y escuchar todo lo que sus diferentes culturas pueden aportar, porque al final estamos viviendo en una misma sociedad que se configura con la realidad actual, en la que las migraciones son parte de ella.

Se supone que los gobiernos y los políticos son espejos de las naciones, por lo tanto, ya es hora de que se empiece a visualizar el tema de la inmigración como oportunidad para el desarrollo del continente europeo y no como amenaza, dejando fuera prejuicios y estereotipos. Esto tiene que terminar ya es hora de hablar de la aportación real y positiva de los inmigrantes que están participando en el progreso y el cambio en este continente.

Me parece que con la política europea actual, que no cesa de crecer con discursos xenófobos y envenenados sobre los inmigrantes, se está contribuyendo a aumentar el odio, el enfrentamiento, el rechazo, la desconfianza y la violencia.

La mayoría de inmigrantes están abiertos al aprendizaje, haciendo un esfuerzo por integrarse, pero nunca debemos confundir esta integración con la asimilación y el rechazo de sus principios culturales, porque debe ser un intercambio, tiene que ser compartido. En la actualidad no sucede así y únicamente se pretende su adaptación.

Estamos ante una Europa obsesionada con cerrar las fronteras, sin medir los riesgos y olvidando que su obligación legal y moral es proteger a quienes llegan a su territorio pidiendo refugio, protección y apoyo.

También se supone que tiene que haber una política para rescatar a aquellas personas en peligro ya que a veces no tienen otra opción que la de abandonar sus países en esas condiciones, por no tener un tipo determinado de pasaporte porque en “este mundo” nacer en ciertos países tiene sus desventajas.

Como el valor de la humanidad existe, hay personas, Instituciones, Asociaciones y ONGs que responden dando apoyo a estas situaciones de injusticia, ya que tener identidad es un Derecho Humano.  

Me parece triste la lluvia de críticas que están recibiendo ONGs de salvamento marítimo como Open Arms o voluntarios particulares, por su gran trabajo humanitario. Para muchos de nosotros son héroes. Es indiscutible que, en el Mediterráneo han salvado a miles de personas de una muerte segura e injusta, y en este penoso acontecimiento han ayudado a hacer visible las tragedias constantes que ocurren en el mar que baña las costas españolas.

Cada rescate por parte de las ONGs reabre el debate sobre la falta de una política migratoria común. Gracias a esas ONGs de salvamento marítimo y la presencia de algunos medios informativos la ciudadanía puede saber y contemplar con estupor el devenir diario de estas inhumanas situaciones y los exasperantes condicionamientos políticos y administrativos que impiden dar solución a aquella emergencia humanitaria.

La tardía evacuación de las personas más enfermas y niños para ser atendidos hospitalariamente han revelado con toda crudeza los intereses, las luchas de poder, la inoperancia de personas e instituciones políticas que, de nuevo ante nuestro estupor como ciudadanos, han provocado tanto sufrimiento añadido a la tragedia humana de las personas rescatadas por el Open Arms.

De las 30.000 vidas perdidas en el Mediterráneo, 840 se han producido en lo que va en el presente año: son víctimas de las políticas migratorias de la Unión Europea. Es una realidad que pone en cuestión todos los valores morales y sociales de nuestra Europa blindada por un injusto muro de indiferencia, una indiferencia que por la cantidad de víctimas que genera se ha convertido en un crimen de lesa humanidad.

¿Salvar vidas de los inmigrantes en alta mar que se están ahogando es un delito? No se puede seguir permitiendo que mueran sin ser rescatados porque hay unas leyes que lo prohíben. Todos respetamos la ley y nuestro deber y obligación es hacerlo. ¿Pero qué tipo de leyes son éstas? ¿Deshumanizar a los seres humanos, se llama ley? Una vez más, el rescate humanitario nos trae a la memoria “el cementerio sin lápidas, sin nombres” de este Mare-Nostrum patrullado por barcos, drones, efectivos humanos y tecnológicos de Frontex, para la defensa de las fronteras europeas. ¿Qué seguridad? ¿Qué leyes del mar, nacionales e internacionales, son respetadas? ¿Qué significan para los ciudadanos y ciudadanas y las instituciones europeas su Declaración de Derechos Humanos?

Los inmigrantes somos los primeros que queremos que haya una inmigración ordenada y regulada, porque es doloroso ver cómo la gente se deja la vida en rutas peligrosas que a veces desconocen, en las aguas de los mares o bajo el polvo del desierto, sin que nadie les haya dado el último adiós ni puedan acudir a honrarles.

Es urgente encontrar soluciones para el problema migratorio, y también para las penosas condiciones de los refugiados en las fronteras. Creo que a estas alturas de la vida, ha llegado el momento de reflexionar sobre el fenómeno de la migración, porque quien arriesga su vida es solo en busca de paz, nadie lo hace por placer.

 

Nicole Ndongala

Directora de la Asociación Karibu

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